1.- Der Schatzgräber
Text: Joseph von Eichendorff (1788-1857)
Wenn alle Wälder schliefen,
Er an zu graben hub,
Rastlos in Berges Tiefen
Nach einem Schatz er grub.
Die Engel Gottes sangen
Dieweil in stiller Nacht,
Wie rote Augen drangen
Metalle aus dem Schacht.
"Und wirst doch mein!", und grimmer wühlt
er und wühlt hinab!
Da stürzen Steine und Trümmer
über den Narren herab.
Hohnlachen wild erschallte
Aus der verfall'nen Gruft,
Der Engelsang verhallte
Wehmütig in der Luft!.
2.- Frühlingsfahrt
Text: Joseph von Eichendorff (1788-1857)
Es zogen zwei rüst'ge Gesellen
zum erstenmal von Haus,
So jubelnd recht in die hellen, klingenden,
Singenden Wellen
Des vollen Frühlings hinaus.
Die strebten nach hohen Dingen,
Die wollten, trotz Lust und Schmerz,
Was Recht's in der Welt vollbringen,
Und wem sie vorüber gingen,
Dem lachten Sinnen und Herz.
Der erste, der fand ein Liebchen,
Die Schwieger kauft' Hof und Haus;
Der wiegte gar bald ein Bübchen,
Und sah aus heimlichem Stübchen
Behaglich ins Feld hinaus.
Dem zweiten sangen und logen
die tausend Stimmen im Grund,
verlockend' Sirenen, und zogen
ihn in die buhlenden Wogen,
In der Wogen farbigen Schlund.
Und wie er auftaucht' vom Schlunde,
Da war er müde und alt,
Sein Schifflein das lag im Grunde,
so still war's rings in der Runde,
Und über dem Wasser weht's Kalt.
Es klingen und singen die Wellen
des Frühlings wohl über mir;
Und seh' ich so kecke Gesellen,
Die Tränen im Auge mir schwellen-
Ach, Gott, führ' uns liebreich zu Dir!.
3.- Abends Am Strand
Text: Heinrich Heine (1797-1856)
Wir saßen am Fischerhause,
und schauten nach der See;
die Abendnebel kamem,
und stiegen in die Höh'.
Im Leuchtturm wurden die Lichter
allmählich angesteckt,
Und in der weiten Ferne
Ward noch ein Schiff entdeckt.
Wir sprachen von Sturm und Schiffbruch,
Vom Seemann, und wie er lebt,
Und zwischen Himmel und Wasser,
und Angst und Freude schwebt.
Wir sprachen von fernen Küsten,
vom Süden und vom Nord,
Und von den seltsamen Menschen
und seltsamen Sitten dort.
Am Ganges duftet's und leuchtet's,
und Riesenbäume blühn,
und schöne, stille Menschen
vor Lotosblumen knien.
In Lappland sind schmutzige Leute,
Plattköpfig, breitmäulig, Klein;
Sie kauern ums Feuer und backen
sich Fische, und quäken und schrein.
Die Mädchen horchten ernsthaft,
Und endlich sprach niemand mehr;
Das Schiff war nicht mehr sichtbar,
Es dunkelte gar zu sehr.
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1. - El Buscador De Tesoros.
Texto de Joseph von Eichendorff (1788-1857)
Cuando todos los bosques duermen,
comienza a excavar sin descanso
en las profundidades de las montañas,
en busca de un tesoro sepultado.
Mientras los ángeles de Dios
cantan en la noche silenciosa,
como ojos rojizos emergen
los metales desde la mina.
"¡Y serás mío!", y más enfurecido
escarba y escarba las profundidades.
Allí derrumba piedras y escombros
sobre su locura.
Ríe salvaje, maliciosamente,
resonando la fosa desmoronada.
El canto de los ángeles
¡se pierde elegíaco en el aire!
2.- Viaje De Primavera
Texto de Joseph von Eichendorff (1788-1857)
Marchan dos robustos camaradas
por primera vez hacia la casa,
tan jubilosos en la claridad, cantan,
saludando la plenitud
de la primavera en las alturas.
Ellos aspiran a las cosas nobles,
quieren, a pesar del gozo y del dolor,
alcanzar su objetivo en el mundo.
Y así recorren su camino
con alegría en su mente y en su corazón.
El primero encontró un amor
cuya familia les compró una casa y una granja.
Él meció pronto un bebé
y contempló placenteramente
desde la acogedora habitación la campiña.
El segundo cantó y reposó
por miles de voces en lo profundo,
tentado por sirenas que lo condujeron
al interior de amorosas olas,
en las coloridas profundidades del mar.
Y cuando él emergió de las profundidades
estaba tan cansado y viejo,
que su barquito quedó en el fondo del mar.
El silencio reina a su alrededor,
y sobre las aguas sopla el viento helado.
Resuenan y cantan las olas de la primavera
también sobre mí;
y veo al intrépido camarada,
las lágrimas acuden a mis ojos,
¡Oh, Dios, condúcenos amorosamente hacia Ti!
3.- Atardecer En La Playa
Texto: Heinrich Heine (1797-1856)
Sentados junto a la casa del pescador,
mirábamos hacia el mar.
Llegaba la bruma del atardecer
y se elevaba a las alturas.
La luz del faro estaba encendida
y en la lejanía
aún podía descubrirse
un barco.
Nosotros hablábamos de tormenta y naufragios,
del marinero y su vida,
suspendida entre el cielo y el agua,
la angustia y la alegría.
Nosotros hablábamos de costas lejanas,
del sur y del norte,
y de pueblos extraños
con extrañas costumbres.
Del Ganges perfumado y brillante,
y de gigantes árboles florecidos,
de un bello, silencioso pueblo,
arrodillado ante la Flor de Loto.
En Lappland son gente sucia,
de cabeza plana, grandes bocas, bajitos,
ellos se arrodillan alrededor del fuego,
cocinan peces, lanzan chirridos y gritan.
Las jóvenes escuchaban gravemente,
y finalmente nadie más hablaba.
El barco ya no era visible,
todo se oscurecía.
Escaneado y Traducido por:
Iris La Salvia 2009
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